La salida de Beijing fue un poco extraña a la vez que dura. En el aeropuerto nos dijeron que no podíamos viajar todos juntos por un problema de reserva de billetes. Al parecer la Compañía Air China no había emitido los billetes para los cuatro hijos de las familias que viajaron con ellos.
Esto provocó que nos tuviéramos que dividir en dos grupos. Uno sin hijos que salimos a medio día, y otro con los peques que partieron finalmente a las 4:50 pm.
Evidentemente esto provocó el retraso de la entrega de las niñas, ya que la Institución Provincial de Adopción de Nanchang no permite fracturarla. Y así se fijó la entrega para las 8 de la tarde, unos 10 minutos después de la llegada de la segunda parte del grupo.
Dos horas de vuelo desde Beijing cargadas de nervios y algún que otro cabezazo. La noche anterior al día tan esperado apenas si pudimos dormir debido, seguramente, a los nervios.
Y allí estábamos, esperando que pasaran los minutos en esta ciudad de más de cuatro millones de habitantes, y esperando a que llegaran el resto de las familias y, lo más importante, el momento de la entrega dando paseos por las calles, comiendo en Mc Donalds, haciendo alguna compra que otra…
Nanchang mezcla el trabajo de una ciudad que quiere ser moderna con los vómitos de humo blanco en algunos callejones oscuros que recuerdan a las tantas veces vistas en las películas. El tráfico se regula al margen de los semáforos, pasos de cebra y cualesquiera otras señales que más parecen un adorno para que los occidentales nos sintamos un poco más en casa.
La gente anda sin parar y sin orden, los coches respetan tan poco a los peatones como estos a los coches. Pasa primero el que primero se atreve. Y sin embargo no hay ni un solo accidente.
Un señor mayor carga en su bicicleta hasta seis bombonas de butano aproximadamente un 50% más grandes que las de España, y se aventura en dirección contraria hasta cruzar al otro lado de la calle de cuatro carriles más el poco o nada respetado carril bus, sorteando a coches, personas, motos, bicicletas…
Tras las últimas compras de agua embotellada, pan de molde y alguna fruta nos vamos al hotel a esperar que que llegara la hora fijada de las 7:45 para bajar hasta la Sala de Conferencias de la Segunda planta del Hotel, donde nos entregarán a las pequeñas.
Pero como os podréis imaginar fue imposible esperar hasta esa hora.
Muertos de los nervios, ansiosos por que pasen los minutos que parecen horas hechas de plomo, mirando a otro grupo de españoles que están ya con sus chinitas en brazos y con unas sonrisas que envidiamos todos, íbamos de un lado a otro del Hall de entrada al Hotel Gloria Plaza donde nos alojábamos y donde estaremos durante una semana completa.
Son las 7:35 y decido volver a subir a la habitación no sé a qué, seguro fruto de los ya exagerados nervios.
Y al bajar no veo a Paloma por ningún lado.
Noto cómo las pulsaciones me recorren de arriba abajo. Me acerco a Ana Zaira, del grupo de Transmes que ya llevaban unos días, y le pregunto por ella:
- ¿Habéis visto a Paloma? ¿No la encuentro por ningún lado?
Su respuesta provocó ya que la poca estabilidad que me quedaba se echara por tierra:
- Está por aquí, corriendo de un lado a otro. Hemos visto pasar a unas niñas con sus cuidadoras y Paloma dice que ha reconocido a Candela, y está como loca buscándolas… Corre, creo que han ido por allí. – Me respondió Ana
El hotel de supuestas cinco estrellas se me quedó pequeño, y en apenas dos o tres minutos creo que recorrí todas las salas de la primera y segunda planta del hotel. Al salir de una de servicio para los trabajadores me encontré con no recuerdo quién de nuestro grupo que me dijo:
- Corre, que está ahí Paloma, y tu hija
En ese momento juro que no sentí nada que no fueran nervios, ansiedad y ganas de abrazarme a Paloma y a mi pequeña, aunque aún no la hubiera visto.
Paloma estaba con los ojos encharcados, con una sonrisa como creo que nunca le he visto, sólo comparable a momentos muy especiales entre nosotros.
Pepo, está ahí, es nuestra hija, mírala, es preciosa, está preciosa…. Por favor que nos la den ya, yo la quiero abrazar ya… - logró decir con voz titubeante.
Al principio no logré distinguirla bien, hasta que frunció el ceño con un gesto similar al de la foto de asignación, momento en que Paloma me dice:
- ¿La ves? Es la del centro. Está preciosa. Que nos la den ya por favor
Juro que no puedo describir lo que sentí cuando la vi y nos cruzamos las miradas. Estaba helado, quieto, sin reaccionar, y en mi cabeza se agolpaban sentimientos y sensaciones que hasta ahora no conocía. Es como si ya estuviera queriendo a esos 10 kilos enfundados en un traje amarillo típico de China como lo más importante de mi vida, y era sólo el primer contacto. Visual.
No paramos de echar fotos y grabar en video a una distancia de unos 5 metros. Hasta que decidimos acercarnos.
A apenas un metro de distancia nos pusimos a hacerle carantoñas, todo tipo de sonidos, muecas y tonterías que hacemos todos a los niños pequeños.
Y llegó, ahí estaba la primera sonrisa. Dos dientes asomaban de la parte inferior de su boca. En ese momento la cuidadora se levanta y se acerca a Paloma.
Ya no podemos más ninguno de los dos, ya hemos llorado un montón de alegría, de nervios, y ahora ni una sola lágrima en los ojos de Paloma, sólo un abrazo a la niña y besos, muchos besos, palabras que no escuché pero que imagino. Y ahora soy yo el que llora.
Cuando me acerqué para intentar cogerla otra cuidadora con otra niña le recordó a la de nuestra hija que eso estaba prohibido, que recogiera de inmediato a la pequeña de los brazos de Paloma. Y así tuve que esperar a la entrega oficial.
Pocos minutos después llegó el resto del grupo tras sus también dos horas de vuelo y muchos nervios en las más de cinco de espera en el aeropuerto.
Y salimos corriendo para advertirles que las niñas estaban en el Hall, que entraran corriendo porque algunas estaban aún abajo.
La fiesta de emociones se desató entre todos, los que habíamos ya visto a nuestras hijas y pudimos cogerlas o tenerlas cerca, los que tan solo pudieron verlas y los que aún no habían podido contemplarlas.
En torno a 15 larguísimos minutos pasaron hasta que nos dijeron que podíamos pasar a la sala de la segunda planta. Aún así los del primer grupo, los que logramos viajar a las 12 del mediodía decidimos que esperaríamos cinco minutos más hasta que estuvieran los demás que habían subido a llevar su equipaje a la habitación.
Una vez estuvimos todos comenzaron a llamarnos uno por uno. Fuimos los segundo.
- Shang Guan Xin Luang. Paloma y Pepo – Dijo la guía de la Agencia de Adopción que nos habían asignado. Y sí, aquí también me han llamado Pepo.
Nos acercamos. Y ponen a la pequeña en los brazos de Paloma. Yo a su lado. Desde ese momento, desde ese preciso instante, te llena la sensación de que la familia se ha completado, ahora sí lo somos.
Te llena una emoción que no conseguiría describir. He sido muy feliz en muchas ocasiones, pero no es esto. He enloquecido de alegría en muchas ocasiones, pero no es esto. He llorado de emociones en muchas ocasiones, pero no es esto. Si metiéramos todos los mejores sentimientos del mundo en una coctelera y los agitáramos, lo que saldría sería una parte de lo que sentimos.
Y ahora imaginaros el momento en que me pusieron a Candela en brazos. Me la acerqué a la cara para verla cerca. La besé. Sólo alcancé a decirle:
- Te quiero, hija mía.
Desde ese instante han pasado cuatro días. Cuatro días que hemos dormido poco, he tenido y tengo dolores de espalda, no tenemos tiempo casi para organizarnos en esta nueva vida y eso que estamos como si fueran vacaciones, hemos perdido el manual de instrucciones para padres primerizos… y sólo puedo decir que es lo mejor que me ha pasado.
Ver cómo nos toca la cara, cómo se acerca y sonríe, escuchar sus primeras carcajadas, verla despertar y sonreír, ver cómo te llama con ruidos son sentido… todo eso, sabemos, es sólo el principio de un largo camino.
A todos los que habéis compartido con nosotros el antes, os queremos hacer este “durante” desde miles de kilómetros de distancia.
Del resto de burocracias varias y los días fríos de temperaturas máximas de cero grados ya os contaré en otro correo. Creo que este se merece estar dedicado sólo al encuentro con nuestra hija de quien lo único que nos pesa es no haber podido ver sus primeros ocho meses de vida, y los diez kilos que ya pesa.
Para los que os interesan los datos puedo deciros que no es nada pequeña. Le queda la ropa de 6-9 meses justa o en su sitio, pero no grande. Come bien y duerme mejor. Y todo esto mejora aún cada día.
Muchos abrazos y besos.
Hasta pronto.