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Categoría: APORTACIONES

FRAGMENTO DEL DIARIO DE MAY. Gracias por compartirlo con todas nosotras.

anabar9 18/11/2007 @ 23:29

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A MI NIÑ@ DORMID@

anabar9 18/11/2007 @ 14:10

"No importa la distancia que nos separa, sino el AMOR que nos une".

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Te he tomado entre mis brazos
Tus ojitos están cerrados
y mientras yo te acaricio
tiemblan mis manos.

Estas con tu rostro ungido
por inocente destello
de quien casi no ha vivido
pareces un ángel bello
un muñequito dormido.

En que piensas me pregunto?
Quien a robado tus sueños?
Porque no tengo la dicha
de tomarte entre mis brazos
de contarte hermosos cuentos
de escuchar tu dulce llanto.

Pero yo se que en algún lado
Representado en las flores
en el aire, en un pájaro
cada dia estas conmigo
y es por eso que te hablo.

Mi pequeñito capullo
mamita te anda buscando
ven esta noche a mi lado
déjame tomarte en brazos
y que no despierte nunca
de este sueño tan hermoso
en el cual contigo
mi niñit@ estoy jugando.

De: Clara Rivero
Sydney Australia

MADE IN CHINA. Artículo publicado en ABC por Laura Campmany.

anabar9 17/11/2007 @ 21:04
 
«Made in China»
Por LAURA CAMPMANY
IMAGÍNENSE ustedes una mujer desesperada. Tan vacía, que ansiara un dolor en su vientre. Una mujer que se hubiera ya puesto en cuatro manos, abierto en seis promesas, pinchado en cien agujas, gastado en un infierno de quincenas, naufragado en mil cólicos de sangre. ¡Desconfíen, amigos, de las ciencias impuras! Y que un buen día, desde esa tierra yerma que habitaba, seca como una huerta sin goteo, vio crecer una flor que era de nadie. Imagínense ustedes a esa flor esperando ser, como Cui-Ping-Sing, todo lo claro, y el cisne, mucho más que la ceniza. Hubo que atravesar frías montañas, pero esa flor ya tiene quien la cuide. Se llama Laura, es mi hija, y acaba de cumplir cuatro años.
Les contaré que nació en China, como las naranjas, y que nos la entregaron en una notaría de Kunming. El Vitorio y yo habíamos salido a fumar al balcón y, de regreso a la oficina, nos la encontramos tendida en el sofá, la última de siete, esperando su turno en el reparto. Tan menuda y plegable, a sus once meses, que cabía holgadamente en la mochila. Por eso, y porque entonces aún atendía por Pei Ling, que según nos explicaron significa algo así como «niña de Jade», empezamos a llamarla Piolín. Tenía el peso de un pájaro. Llevaba puesto un pijama muy viejo, casi rosa, casi azul y casi nada. Y debajo, unos leotardos rotos. Y, a pesar del calor, unos patucos medio deshechos y una gruesa chaqueta. Lo que se dice el fondo de su armario.
Cuando nos la apretamos contra el pecho, aquella niña destinada a ser nuestra, pero todavía muy suya, se limitó a mirarnos fijamente, como esculpiendo en sus pupilas una larga pregunta, y a explorar con sus dedos nuestros trémulos labios. Creo que le atraían nuestros dientes, o quizás nuestras voces -impostadas para darle una aguda, musical bienvenida-, o quizás nuestras derretidas, claudicantes sonrisas. Estaba muy cansada por el viaje, y también -supe luego- por la fiebre, pero ya muy feliz y hasta ofendida. Quizás nos reprochara un año de soledad. Un año vivido peligrosamente. Un año sin un amor que la tapara. Ni el osito, ni el payaso de trapo, ni ninguno de los muchos objetos que le ofrecimos, consiguieron distraerla de su mudo, sereno, lacerante escrutinio.
¡Cómo explicarles cómo nos miraba! O cómo gorjeaba cuando le dimos el primer biberón. Cómo sonreía cuando le cambiamos el pañal y separamos, con un cuidado casi quirúrgico, su piel, tan fresca, de toda aquella ropa moribunda. O cómo disfrutaba cuando la sumergimos en un baño de agua tibia por el que navegaban tres solemnes patitos. No tardamos en descifrar su lenguaje monosilábico: el «ta» de su entusiasmo y el «na» de su disgusto. O cómo se reconcilió con el mundo cuando la acostamos en una cuna irrepetible, única como su valiente latido, indestructible como su fuerza admirable, risueña y celestial como su cara.
Mi hija, allá en su China de origen, dormía como un junco y se despertaba como un tigre, emitiendo un rugido de hambre. El «berrido ultrasónico», lo llamábamos. Después hubo ese vuelo interminable, los purés, los jarabes, los chupetes, análisis, pediatras, vitaminas, visitas, más juguetes, noches blancas, nerviosismos al borde del infarto... Nada que ustedes, claro, desconozcan. Pero a quien piense que adoptar un hijo es un modo distinto de ser padres, no le voy a decir que se equivoca. Es mucho más que todo lo soñado: un parto donde empujas con el alma. Yo, que tanto temí cegar mis genes, o alzar un simulacro de familia, o darme un asidero vulnerable, o robarle una fresa al paraíso, o caerme del nido de las águilas, sólo lamento haber tardado tanto en librarme de miedos y soberbias, y en dejar que la vida me trajese un ángel «made in China» de regalo.

Gracias a Jose Luis porque un día escribió algo tan bonito...

anabar9 17/11/2007 @ 10:30

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Compartimos todos una bella historia de amor. Nuestras hijas nacidas en otro lugar distante de este mismo planeta, que crecen, aprenden y aman en un lugar distinto del que las vio nacer, son la viva representación a lo que aspira la Humanidad:

Formar una única familia con distintos orígenes y rasgos y cuyo vínculo entre ellos no sea la sangre, sino algo más importante, el amor.

No tendrás mis ojos, pero sí mi sonrisa.

                                       Mamá

EMBARAZO DE UNA MAMA ADOPTIVA.

anabar9 13/11/2007 @ 21:35

 Si las cosas que realmente valen la pena, fueran fáciles,
cualquier persona las podría hacer. Todo esfuerzo tiene su recompensa.

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Los primeros meses, una mamá adoptiva se empieza a fijar en niños que puedan ser de la misma raza o cultura a la que su hijo va a pertenecer; pregunta un millón de dudas, lee un montón de libros y artículos que tengan que ver con todo lo que una adopción conlleva, y aunque no siente al bebé en su tripita, lo siente en su corazón y en su pensamiento, siendo cada día que pasa más alentador, porque sabe que cada vez falta menos. Las reuniones (tanto si se va por ECAI, las que allí se dan, o si se va por libre, las que se hacen con las demás parejas de padres adoptivos) serían como las ecografías: en ellas lo enseñan todo sobre la cultura del niño, sobre las costumbres que se tienen en ese país: cómo viven, cómo son los orfanatos... y todo esto despierta más el interés y las ganas de que llegue el día, aunque también surjan dudas y miedos. Cada reunión es un movimiento del niño dentro de cada mamá; lo sienten más cercano, y de la misma manera que cuando se va al ginecólogo y éste dice que todo va bien, en estos encuentros sucede lo mismo. Las mamás salen de las reuniones ilusionadas, motivadas. Empiezan a preparar cosas, a comprar lo que vaya haciendo falta, y así pasan los meses de espera, como todas las mamás del mundo. Imaginan la cara de su hijo, se preguntan cómo será, si estará bien, si la adaptación será buena, si encontrará en él rasgos que se asemejen a los suyos... son muchos los interrogantes que surgen, al igual que en el caso de las mamás biológicas. Cuando llega el final del proceso, como en un embarazo biológico, empiezan a estar más nerviosas,y cuando por fin llega el día y ven la cara de su hijo, todos esos miedos que habían acumulado se convierten en alegría al ver que todo está bien. Ahí es cuando llega la sensación de que la espera ha valido la pena.
Las mamás adoptivas se creen incomprendidas, porque al hablar con la gente, nadie entiende cómo pueden sentir como si estuvieran embarazadas, pero cuando se reúnen con familias que están en la misma situación y comparten lo que cada una de estas familias vive, se sienten identificadas y mucho más seguras de que lo que sienten es cierto y no una locura. La verdad es que están embarazadas, y aunque no les crece un ser pequeñito durante nueve meses en la tripa, ese ser crece en su corazón, y todo el tiempo que habían ansiado ese momento las llena completamente de felicidad, como llenaría a cualquier padre o madre, biológicos o adoptivos, que hayan estado esperando a un hijo tan deseado.

UN AÑO CON LAURA.

anabar9 08/11/2007 @ 21:34

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No os podeis imaginar la ilusión que me ha hecho encontrarme con este hermoso video y lo que he llorado. Lola sabes que te quiero y os deseo a los tres toda la felicidad del mundo que de verdad os mereceís. Disfrutar de todos los momentos junto a vuestra pequeña terremoto, llenarla con todo el amor que teneís para darle y contar con estos amigos que desde Paterna os quieren.
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LA CIGUEÑA AMARILLA. De un papá feliz.

anabar9 08/11/2007 @ 13:30

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Yo también he soñado.
    He soñado unos pequeños ojos oblicuos abriéndose al aire perezosos, esperando encontrar el mismo techo de siempre, descolorido y agrietado como siempre. 

Una nariz respingona y diminuta respirando su primer aire del día, cargado con los mismos aromas agrios de cada día. Unos oídos cansados del coro de llantos que les saludan cotidianamente.

Una piel seca, amarilla y hambrienta de otras pieles, de otras manos que la acaricien y de otros labios que le enseñen
cuánto amor cabe en un beso.
    Y he soñado el brillo  que transformaba esos ojos al descubrir un techo recién pintado de azul de cielo, al recibir un desconocido olor a verde hierbabuena, al escuchar la paz de una sinfonía de silencios y al sentir la suavidad de otra mano abrazada tiernamente a la suya.
    He soñado también como las comisuras de sus labios dibujaban una sonrisa de infinita satisfacción al cruzar su neblinosa mirada con los ojos desconocidos pero familiares de dos grandullones asomados al borde de su cuna, que parecían abrazarla con la mirada.
    Anoche mi hija china, traviesa y china, desobediente y china, revoltosa y china, indisciplinada y maravillosamente china, me ha susurrado un "yo también papá" , cuando acurrucada en mi regazo, a punto de convertir sus ojos en apenas una línea negra sobre sus mejillas y viajar al mundo de los sueños, le he dicho que la quería mucho.
    No sé muy bien la razón, porque yo ya sabía que ella también me quiere y hace ya mucho tiempo que me llama papá, pero esta noche me ha sonado de una forma especial, casi mágica. Esas tres palabras, "yo también papá", han recorrido mi cerebro de punta a punta rebotando como el eco y llenando cada rincón de felicidad.
    Sólo durante un instante yo también he cerrado los ojos y he soñado. He soñado la silueta de una hermosa cigüeña amarilla volando majestuosa sobre un mundo de colores.

© Fernando Hernández Pelayo. 2000

LUZ CASAL. Sé feliz

anabar9 02/11/2007 @ 21:14

Gracias amiga Geli por pasarme esta canción de Luz Casal que me ha gustado muchísimo. Da fuerza, coraje y mucha energía para todas aquellas personas que estén pasando ahora mismo por lo que un día pasamos nosotras. Para todas ellas y en especial para tí....
Sé feliz.


TODOS CONTRA EL CÁNCER. Testimonios de Sandra Ibarra y Mari de Chambao.

anabar9 01/11/2007 @ 20:49

El día 19 de Octubre se celebró el día mundial contra el cáncer de mama, y como no voy a decir aquí, en esta mi casa algo sobre un tema que me llega tanto. Espero y deseo que llegue un día en que ya no se tenga que celebrar ningún día mundial de ningún tipo de cáncer, que existan vacunas, medicación y todo lo necesario para que eso ocurra.
Aquí dejo este vídeo con dos testimonios que me ha gustado muchísimo.

LA NOCHE DE LUNA LLENA. Cuento de Xenia para Leyre

anabar9 24/10/2007 @ 12:07

 Gracias a mi amiga Xenia, por compartir este cuento tan bonito que le ha dedicado a su pequeña Leyre. Deseo que muy pronto esteís los tres juntitos. Besitos guapa

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En una lejana tierra, en el país del sol naciente, donde sus gentes tienen la tez muy blanca, hay unas grandes casas donde viven unas niñas que esperan pacientemente a unos papás, y allí en una de estas casas cuando se hacía la oscuridad en sus cunas, una de aquellas caritas cerraba sus ojos almendrados y deseba con todas sus fuerzas que su mamá viniera a darle un beso de buenas noches, pero claro, ese era el deseo de todas las pequeñas que dormían en aquella enorme casa y así…. días tras día, todas esperaban a que llegara su mamá. Un día de luna llena y noche clara, donde aquellas pequeñas que yacían en sus cunas no podían dormir, porque el reflejo de la luna no las dejaban, todas cerraron sus ojos a la vez y desearon más que nunca el arrullo de una madre y sin ellas saberlo, aquella misma noche de luna llena, habían cientos de madres que encendían una vela roja y le suplicaban a la luna que en algún rincón del mundo hubiera una pequeña con la que llenar sus brazos, a quien cantar una nana y a quien adormecer con el calor de su corazón, y fue tanto y tan grande aquel deseo que de pronto aquellas niñas sintieron una suave y cálida brisa que acariciaba sus dulces caritas como el más suave y cálido beso de una madre y de esta manera fue como supieron que podían dormir tranquilas porque en poco tiempo vendrían a recogerlas a cada una de ellas una mamá. Y desde entonces las mamás que esperan a sus pequeñas cuando hay luna llena encienden una velita roja para que estas no se sientan solas, porque la luna con su vaivén , como si de unos brazos se tratara, acaricia las caritas de ojos rasgados, las besa y vela sus sueños hasta el amanecer.

XENIA