LEIZU: LA DIOSA DE LOS GUSANOS DE SEDA

Cuenta otra vieja historia que hubo una vez una joven que se sentía muy sola y triste desde que su padre se había ido a la guerra. A ella se le había confiado el cuidado de su caballo y un día en broma mientras lo alimentaba le dijo:
- "¡Ay, si trajeses de vuelta a mi padre, me casaría contigo!".
El caballo tras oír estas palabras salió al galope y no paró hasta encontrar al padre. El hombre extrañado de ver al caballo volvió a su casa pensando que algo malo sucedía. Al ver a su padre, la hija se tornó pálida como la nieve y contó a su padre lo sucedido. El padre mató al caballo sin pensárselo ni un segundo, puso la piel al sol y volvió a marcharse.
Un día la hija burlándose de la hazaña del caballo empezó a pisotear su piel mientras decía:
- "¿Quién te creías que eras tú, casarte tú, un animal de granja, con una mujer?"
No terminó de decir estas palabras cuando súbitamente la piel del caballo la envolvió por completo y se la llevó de allí transportándola hasta un enorme árbol. Una vez allí la piel y la joven se transformaron en dos gusanos de seda que acabaron tejiendo juntos en las ramas de aquel majestuoso árbol. A partir de entonces a aquel árbol se le llamó "morera", puesto que "morera"(sāng) suena parecido a "muerta"(sàng).
Redacción inspirada en el mito El Árbol de la Muerta del libro GARCÍA-NOBLEJAS, Gabriel. Mitología de la China antigua.1ª Edición. Madrid: Alianza Editorial, S.A., 2007. ISBN: 978-84-2068215-0
Cuenta la leyenda que el dios chino Zao Jun, que cuando mortal se llamaba Zhang Lang, se casó con Zao Ma, una mujer muy virtuosa, y fueron felices durante muchos años. Pero sucedió que un día, de esos tontos que a veces se tienen, Zao Jun se enamoró perdidamente de una chica joven, hasta el punto, que abandonó su hogar y se fue a vivir con ella. Desde entonces la vida de Zao Jun fue de mal en peor, perseguido por la mala suerte fue perdiendo todo lo que tenía, hasta quedar finalmente solo, pobre y ciego.
Se encontraba en ese estado tan lamentable, tirado en la calle, cuando se le acercó una mujer que le ofreció algo para comer, un tazón de tallarines. Cuando Zao Jun los probó comenzó a llorar, la mujer le preguntó: ¿Por qué llora? A lo que Zao Jun contestó: "No comía unos tallarines tan buenos desde que vivía con mi mujer" y empezó a contarle su desgraciada vida. Al terminar, fruto del arrepentimiento, se produjo un milagro, pues Zao Jun recuperó la vista y ... ¿a quien vió? ¿Quién era la mujer que le había dado de comer? ... no era otra que Zao Ma, su mujer, que nunca había dejado de quererlo. Y entonces Zao Jun sintió tanta pena por lo que había hecho, que se consumió en llamas. Su mujer quiso evitarlo, pero solamente pudo salvar del fuego una pierna, y es por esto que desde entonces a los atizadores del fuego se les llaman en china Zhang Lang Tûi . Cuando Zao subió al Da Luo Tian o cielo supremo donde está sentado en su trono el Emperador Jade o Yuhuang Dadi, que es quien administra cielo y tierra, lo convirtió en guardián de los hogares para asegurarles unidad y abundancia, y pasó a llamarse Zao Jun aunque muchos también le llaman Zao Wang, o Zao Wang Ye. El Emperador Jade además le encargó que todos los años regresara al cielo el día 23 de la luna 12, para informarle de como se habían portado las familias. Una vez pasado el informe al Emperador Jade, Zao vuelve a la tierra montado en su caballo blanco, el día del Año Nuevo Lunar, que será el próximo día 9 de febrero de 2005, con regalos y sobres rojos con dinero, dependiendo de lo bien o mal que se haya portado cada uno durante el año. Es pues Zao Jun como los Reyes Magos, San Nicolás o Papa Noel. Las familias chinas para acordarse de Zao Ju pegan un dibujo suyo en la cocina y el día de la partida queman palos de incienso y le ofrecen una comida con muchos dulces. Para que Zao hable bien ante el Emperador Jade las familias limpian y ordenan la casa, le untan con miel en los labios y lo rocían de licor, y para acelerar su ascensión al cielo lo terminan quemado en la cocina y tirando tracas para que espantado corra más.
En el principio de los tiempos existían 10 soles. Huo yi un arquero muy competente, disparó sus flechas deshaciéndose de nueve de ellos y dejando tan solo el sol que conocemos hoy. Salvando así la tierra de tan abrasador estado.
Como recompensa a tal acción Huo yi recibió a manos de una diosa la píldora de la inmortalidad.
La esposa del arquero llamada Chang Er no pudo resistir la tentación de probar la pildora asi que la cogió a escondidas de su marido y la ingirió.
Su cuerpo era tan ligero como una pluma, empezó a flotar y a elevarse llegando hasta la luna. Cuando se dio cuenta de su error hizo lo posible por vomitar la pastilla. Pero ya era demasiado tarde, la píldora vomitada se convirtió en un conejo de color jade y un mortero. Chang Er quedó condenada a vivir en el palacio de jade ubicado en la luna.
La luna mas hermosa y brillante del año, es el día 15 del octavo mes lunar. Ese día es cuando se puede vislumbrar la sombra de Chang Er. Incluso algunos chinos dicen ver al conejo mientras machaca hierbas medicinales en el mortero.
Hace mucho tiempo vivía en una aldea cercana del río Mekong un tal Nai Ha. Amaba el oro mas que cualquier otra cosa en el mundo. Nai Ha tenía una esposa e hijos, más gastaba todo su tiempo en el secreto de fabricar el oro. Y bien temprano terminó con gastar su dinero en experimentar como obtenerlo, a tal punto que no fue capaz de mantener la familia. La esposa de Nai Ha no soportando mas tal situación, fue a lamentarse con su padre. Este hizo llamar a Nai Ha. No le gritó, más bien con voz suave, gentilmente, le dijo: -Mi querido Nai Ha, hasta hoy yo no sabía que tú eras así dedicado a las artes mágicas. Como sabes, también desde muchísimo tiempo me interesa lo mismo. Quiero confiarte un secreto mío: he logrado finalmente como obtener oro. Todo excitado y lleno de curiosidad Nai Ha le rogó a su suegro le revelara aquel secreto maravilloso que ya era el único fin de su vida. -¡Ay de mí! – exclamó el anciano suegro – a todo lo que me falta hasta hoy para fabricar el oro. Me falta una cosa, más soy un anciano para procurármela. Si, solamente, tú quisieras ayudarme... -¡Ciertamente que te ayudare! Aseguró Nai Ha que ya se sentía el dueño de la fábrica de oro. – dime solo aquello que debo hacer. -¡Bien! Yo estoy dispuesto a desvelarte el secreto con el pacto de que colabores. Lo que necesitamos son tres kilos de aquella pelusa que crece bajo las hojas de banano o cambures. Atención: las hojas que tomaras aquellas pelusas deben ser de los árboles de bananos que tu mismo has plantado y cultivado en tus campos. Cuando hayas recogido bastante pelusa, tráemela, juntos haremos el oro. Nai Ha quedó tan feliz que corrió a su casa y enseguida narró a la esposa el pacto estipulado con el suegro. El día después la familia estaba comprometida a plantar árboles de bananos o cambures. Con el tiempo las plantas crecieron, y con mucho cuidado Nai Ha sacaba de cada hoja la ligera pelusa. Estaba tan concentrado en el proyecto que ni se daba cuenta que la esposa y los hijos recogían los bananos y cada día los llevaban a vender al mercado de la aldea. Después de 3 años de intenso trabajo, Nai Ha había recogido poco más de medio kilo de pelusa: un trabajo fatigoso, más, él no tenía otro pensamiento sino nada mas el del oro que un día, con el padre de la esposa habría fabricado. Finalmente después de 10 años, Nai Ha había logrado recoger 3 kilos de la blanca pelusa que le había pedido el suegro. La puso en un cesto y se la llevo al anciano. -¡Bravo! ¡Bueno! Veo que has seguido, al pie de la letra, las instrucciones y que has trabajado con compromiso extraordinario – lo alabó el suegro. -Ahora no queda que una cosa que hacer: Abre por favor la puerta allá en el fondo. Nai Ha se precipitó hacia la puerta y quedo como paralizado a la vista de tantos pedacitos de oro que había en la mesa, destellaban al sol. Alrededor de la mesa, sonrientes sentados la esposa y los hijos de Nai Ha. -Este es el que hemos ganado vendiendo nuestros buenos bananos en estos 10 años dijo amablemente la esposa de Nai Ha. -Nai Ha, eres un hombre rico de verdad – se congratuló con el rostro satisfecho el suegro – ahora regresa a casa y continua junto a tu esposa e hijos cultivando bananos. En todos estos años has aprendido a transformar los bananos en oro.
Cuenta la leyenda que tres hadas bajaron a la tierra y cambiaron su imagen para parecerse a tres pobres hambrientos. Se sentaron debajo de un árbol, en un cruce de caminos, y se pusieron a pedir algo de comer a cuantos pasaban por allí. Pasó un zorro, un mono y un conejo y a los tres pidieron.
El zorro y el mono al poco tiempo regresaron con alimentos en sus manos, seguramente robados, pues son unos expertos en coger la comida ajena; pero el conejo regresó con las manos vacías y les dijo a las tres hadas disfrazadas de pobres: "No he encontrado nada para comer, así es que si tienen hambre, pueden cocinarme y comerme a mí."
Las hadas admiradas por el gesto tan generoso del conejo le premiaron con poder vivir eternamente en el palacio de la luna y así se convirtió en el CONEJO DE JADE " YÙ TÙ"

En el reino de Chen, durante la dinastía del Sur (del año 420 al 589), un joven caballero llamado Xu Yande se casó con la princesa Lechang, hermana del rey Chen Shubao. Los dos vivían felices, hasta que, poco después, el ejército de la dinastía Sui invadió su reino y el joven, presintiendo que la guerra podría separarlos, dividió un espejo redondo en dos partes y le entregó la mitad a su esposa. Convinieron en lo siguiente: Si se separaban algún día, saldrían, el día 15 del primer mes lunar, fiesta de los faroles, a las calles a vender sus respectivas mitades del espejo. Si sobrevivían sus sentimientos de amor, se reunirán tarde o temprano. La mitad del espejo que tenía cada cual era una prueba de amor.
Posteriormente,el emperador de la dinastía Sui, Yang Jian desencadenó, una guerra contra el reino de Chen y lo derrotó. El joven Xu Yande se vio obligado a escapar a otro lugar y se separó de su esposa.
En el reino de Chen, durante la dinastía del Sur (del año 420 al 589), un joven caballero llamado Xu Yande se casó con la princesa Lechang, hermana del rey Chen Shubao. Los dos vivían felices, hasta que, poco después, el ejército de la dinastía Sui invadió su reino y el joven, presintiendo que la guerra podría separarlos, dividió un espejo redondo en dos partes y le entregó la mitad a su esposa. Convinieron en lo siguiente: Si se separaban algún día, saldrían, el día 15 del primer mes lunar, fiesta de los faroles, a las calles a vender sus respectivas mitades del espejo. Si sobrevivían sus sentimientos de amor, se reunirán tarde o temprano. La mitad del espejo que tenía cada cual era una prueba de amor. Posteriormente,el emperador de la dinastía Sui, Yang Jian desencadenó, una guerra contra el reino de Chen y lo derrotó. El joven Xu Yande se vio obligado a escapar a otro lugar y se separó de su esposa. Apresada por un cortesano de la dinastía Sui, la joven fascinó al emperador con su belleza y éste la tomo como su concubina favorita.Luego de unos meses, al oír que su esposa estaba en la capital de la dinastía Sui, el joven Xu Yande se apresuró a ir hasta allá, a donde llegó después de un largo y fatigante viaje. En la plena noche, él sacaba la mitad del espejo y recordaba a su querida esposa; ella, mientras tanto, llevaba una vida lujosa, pero en lo profundo de su corazón recordaba siempre a su marido.Un año después, llegó por fin el día 15 del primer mes. El joven Xu Yande salió a la calle, según lo convenido, y se encontró con un anciano que vendía un espejo roto igual al suyo. Le preguntó y el anciano le dijo que era el sirviente de su esposa, quien le había encargado buscar a su marido. Así se enteró de la situación de su esposa.Con lágrimas en los ojos, el joven Xu Yande escribió un poema en el reverso del espejo:
Se fue con el espejo,
y sólo el espejo volvió; ella se quedó.
Desaparecida la sombra de la diosa de la luna
sólo queda la luz.
El anciano regresó con el espejo completo y se lo entregó a la princesa Lichang. Al ver el poema y la otra mitad del espejo de su marido, ella se puso a llorar en forma desconsolada al punto que perdió las ganas de comer. Al enterarse de la situación, el emperador se conmovió y permitió a la princesa reunirse otra vez con su marido. Así, el espejo roto volvió a ser redondo.En la actualidad, la gente usa este proverbio para referirse a los que se divorcian o separan y luego vuelven a unirse.

Una leyenda china dice que el Emperador de Jade, que habitaba el Cielo, un día invitó a todos los animales de la Tierra a una carrera. Les prometió que a los primeros doce que llegaran tendrían un año con su nombre. Al final de la carrera, la ganadora fue la Rata, después llegó el buey, más tarde el tigre, el conejo, el dragón, la serpiente, el caballo, el carnero, el mono, el gallo, el perro y el cerdo. Así que ese fue el orden que les dió, el ciclo comienza con la rata.
Dice la leyenda que en una aldea vivía un sabio ermitaño, que solía sentarse junto a una fuente y atendía las consultas de la gente. Se decía de él que conocía el futuro, y su fama se extendió por todo el Imperio. Quince años después había logrado hacer las paces con su conciencia hasta el punto de que regresó a la aldea donde había cometido su crimen. El viejo y sabio ermitaño había muerto, y nadie parecía recordar el hecho.

Un día llegó a su lado un soldado, muy joven, muy aristócrata, muy orgulloso y muy borracho, y le exigió que le revelara la identidad de su futura esposa. El ermitaño se resistió a hacerlo, pero ante las amenazas del joven borracho no le quedó más remedio que obedecer. Tras meditar largo rato, le dijo:
-La que será tu esposa vive aquí mismo.
-¿Aquí? ¿Quién es? ¡Quiero verla! ¡Quiero verla ahora mismo!
El ermitaño volvió a resistirse, pero al final no tuvo otro remedio que acompañar al soldado hasta la plaza de la aldea, donde aquel día había mercado. Esperaron juntos un tiempo, hasta que el sabio anciano señaló:
-Mira, ahí está.
El joven observó atentamente, pero sólo vio a una chica vestida de campesina que llevaba un bebé en brazos. Por mucho que miró, era la única mujer que había por allí. Entonces, el orgullo y el alcohol se combinaron en él, y gritó:
-¡¿Qué?! ¿Esa va a ser mi esposa? ¿Una miserable campesina que encima ni siquiera es ya virgen? ¡Ni pensarlo, no lo consentiré!
Y, dicho eso, desenvainó su espada y se lanzó entre el gentío. Hubo gritos de horror, y, poco después, el soldado había desaparecido dejando tras de sí a la chica y al bebé bañados en sangre.
A pesar de lo ocurrido, el joven soldado no tenía mal fondo. Cuando se le pasó la mona, se sintió tan horrorizado por lo que había hecho (sobre todo por el bebé que no volvió a beber jamás, y desde entonces intentó siempre ayudar a los demás, en vez de aplastarlos en nombre de una pretendida superioridad. También se fue de la aldea, y recorrió todo el Imperio buscando redimirse.

Se estableció allí, y pronto hizo amistad con uno de los terratenientes. Éste tenía una hija de diecisiete años de la que nuestro soldado se enamoró. Pidió a la joven en matrimonio y su padre se la concedió muy gustoso.
La muchacha era una auténtica belleza, que tenía la costumbre de llevar alrededor de la frente una cinta de seda. Él nunca la había visto sin ella, y le gustaban, pero cuando, en su noche de bodas, vio que la seguía llevando, quiso quitársela. Ella se resistió todo lo que una educada esposa china podía, pero acabó perdiendo. Sólo entonces vio el soldado que su preciosa mujer tenía una horrible cicatriz en la frente.
-¿Quién te hizo eso? ¡Dime quién ha sido, y le mataré!
La pobre chica se echó a llorar desconsoladamente.
-Perdóname, esposo. Debí decírtelo antes, pero me dijeron que no lo hiciera, que te perdería. Cuando yo tenía dos años, mi nodriza me llevó al mercado. Un loco nos atacó, la mató a ella, y a mí me dejó desfigurada de por vida. ¡Por favor, esposo, no me rechaces!
Entonces el soldado supo que el sabio ermitaño no se había equivocado en su predicción, sino que él la había entendido mal. Y fue muy feliz con su esposa.
La fuente continúa allí, y las parejas de enamorados van a consultar al espíritu del ermitaño sobre su futuro juntos