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LA CASA DE LAS PRINCESAS PRECIOSAS. Cuento de Esperanza de Córdoba...mientras esperaba la asignación de su hija María.

http://misojosdealmendra.blogspot.com/ (Blog de nuestra amiga del corazón Esperanza)

   En un país muy, muy lejos de aquí existe desde hace mucho tiempo una preciosa  mansión rodeada de hermosos jardines y verdes parajes. Los vecinos del lugar comentan que perteneció a una bondadosa señora, muy rica, que al morir decidió dejarla en herencia para el cuidado de huérfanos o abandonados.La llamaban “ La Casa de las Princesas Preciosas”, ya que eran sólo niñas las que allí habitaban.Cada día, al salir el sol, las habitaciones se llenaban de luz, colorido, risas y jolgorio. También de algún que otro llanto de aquellas pequeñinas a las que no les gustaba demasiado levantarse por las mañanas. La mayoría de estas niñas no podían ser cuidadas por sus familias y de una manera o de otra habían llegado hasta las puertas de aquel lugar. Pero me gustaría contaros la historia de una de estas niñas:  Su nombre era Luna, pero era tan pequeñita que todos la llamaban “Lunita”. La encontraron liadita en una manta de lana y acurrucadita en una cesta de bambú. La niña dormía y ni siquiera los rayos de luna que iluminaban su redonda carita, consiguieron despertarla. Por eso, la cuidadora que aquella noche la encontró en la puerta de la gran casa, decidió que Luna sería su nombre.Lunita fue cuidada con cariño. Era una niña alegre y juguetona. Le gustaba correr, saltar, comer dulces y dormir la siesta. Pero lo que más, más le gustaba era sentarse a mirar la luna, desde su ventana, antes de quedarse dormida. Lunita crecía feliz. Sus cuidadoras la mimaban, como al resto de las niñas, pero cada noche, al irse a dormir…. La tristeza se colaba en su corazón, sentía que algo le faltaba.Por eso, al mirar la luna, le parecía ver en ella una inmensa sonrisa y una mirada cariñosa y protectora que la ayudaban a dormir. Lo que no podía sospechar Lunita era que esa misma luna,  la que ella contemplaba cada noche, era también el punto de atención de “unos papás”.  “Unos papás” que desde hacía mucho tiempo también tenían una añoranza en sus corazones. Llevaban años soñando con tener una niñita o un niñito, pero la vida, no se sabe por qué razón, no se los había querido regalar. Por eso, ellos también, cada noche miraban la luna y soñaban despiertos con que algún día su deseo se hiciese realidad. ¡Y el milagro ocurrió!Una tarde, mientras los dos descansaban después de un duro día de trabajo, ella, la mamá, descubrió en las páginas de una revista una bonita fotografía en la que se podían ver multitud de niñas jugando y correteando alrededor del jardín de una gran casa. Al pie de foto se podía leer en grandes titulares “La Casa de la Princesas Preciosas”. Llena de curiosidad, leyó en un “pis-pas” toda la información que allí se daba. Sus ojos se abrieron como puertas al leer que en aquella casa tan especial vivían muchísimas niñas que esperaban a que algunos papás quisieran ser “sus papás” y fueran a recogerlas.El corazón de la mamá comenzó a latir muy, muy deprisa, apenas  podía hablar. ¡Niñas que esperaban a unos papás para ser adoptadas...! No podía creerlo, su sueño, de tener un hijito o una hijita,  se podía convertir en realidad.Casi llorando de alegría le comentó al papá todo aquello y ambos, sin perder un minuto, decidieron ponerse manos a la obra para poder adoptar a una de esas princesas.Al principio los problemas surgieron por todas partes, pero la ilusión y las ganas de  tener a su pequeña hija con ellos, eran tan fuertes que nada ni nadie les impidió seguir adelante. ¡Por fin el gran día llegó! Los papás recibieron una carta venida de muy, muy lejos. Al abrirla, la carita de una preciosa niña de ojos luminosos y sonrisa picarona apareció ante ellos en una fotografía a color. Parecía que les estaba diciendo: ¡Hola, ya estoy aquí, soy vuestra hija!.Dos lagrimones recorrieron sus mejillas y sin poder decirse ni media palabra se sentaron a contemplar despacio a aquella personita que aparecía ante ellos como si fuera un milagro. Cuando se recuperaron un poquito de la emoción del principio, pudieron seguir leyendo todos los datos de aquella pequeña “princesa preciosa”.¡Sorpresa! ¡Se llamaba Luna! Y había nacido en un país grandioso y lejano. Como ya habréis descubierto, se trataba de nuestra amiga Lunita. ¡Por fin Lunita había encontrado a unos papás! Los papás prepararon el viaje para ir a recoger a su niña con mucha ilusión. Compraron alimentos, ropa, zapatitos, juguetes y hasta un regalo muy, muy especial que cuando llegue el momento conoceréis...Como el país donde vivía Lunita estaba muy, pero que muy lejos, decidieron viajar en avión para llegar lo antes posible. ¡Y así ocurrió!, casi sin darse cuenta, el viaje había llegado a su fin. Ambos, el papá y la mamá, se encontraron delante de “La Casa de las Princesas Preciosas”. Los dos, cogidos fuertemente de las manos, se acercaron lentamente hacia el interior del jardín.Allí, un montón de niñas corrían y jugaban en medio de una gran algarabía. Ellos, creían ver en cada una de aquellas pequeñinas la redonda carita y la sonrisa picarona de su hijita. Pero no sabían exactamente cual de ellas era.De pronto, a la mamá se le ocurrió una brillante idea. Rebuscó en su bolso y sacó de él una preciosa luna plateada que colgaba de un hilo invisible.Los rayos del sol la hacían brillar y lanzar destellos luminosos a su alrededor.De repente, una niña pequeñita, de las que por allí corrían se quedó parada delante de la luna de plata. Sus rayos iluminaban su carita, sus ojos brillaban con una luz especial y la sonrisa picarona asomó a sus labios.  ¡Allí estaba, justo delante de ellos!  ¡Era Luna, su hija! La niña cogió la luna de plata entre sus pequeñas manos, miró a uno, miró al otro y sin decir ni media palabra entraron juntos a la gran casa donde los esperaban las cuidadoras para recibirlos.Os podéis imaginar todo lo que ocurrió después. La emoción y los sentimientos inundaron aquel lugar. La niña ya sabía que aquellos eran “sus papás” y que se iría con ellos a su nuevo hogar.Estaba contenta, pero también dos grandes lagrimones salieron de sus ojos al despedirse de sus queridas cuidadoras y de la casa que la había acogido y donde había vivido hasta ese momento.    Se despidió de sus amigas y de su habitación y de la ventana por donde cada noche veía a la luna. Pero no se despidió de ella, de la luna, porque la llevaba entre sus manitas, bien apretada.Además, había encontrado aquella sonrisa cariñosa y protectora, que le ayudaba a dormir cada noche, en las miradas emocionadas de sus recién estrenados PAPÁS. Y colorín colorado, este hermoso cuento se ha acabado. 


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